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Naturaleza de la Teología
1.1. Definición y Objeto de la Teología.
a) Definición: el término Teología es de origen griego, y etimológicamente significa: tratado, ciencia de Dios. El término comienza a utilizarse por los cristianos a partir de Eusebio de Cesarea. A partir de entonces será entendido como la exposición metódica y estructurada de la Revelación.
La teología trata de comprender y ahondar en las verdades reveladas a la luz de la razón iluminada por la fe.
O mejor, la podríamos definir como: la ciencia en la que la razón del creyente, guiada por la fe teologal, se esfuerza en comprender mejor los misterios revelados en sí mismos y en sus consecuencias para la existencia humana.
b) El Objeto: el interés de la teología se centra en Dios y su actividad salvadora en Jesucristo. Es por definición una ciencia teocéntrica y trata a Dios bajo la razón de deidad. Pero la teología no busca una formulación de la verdad divina en sí misma, sino su exposición y desarrollo para los hombres.
La teología se diferencia de la teodicea, que es el conjunto de conocimientos que el hombre puede llegar a tener de Dios sin ayuda de la Revelación sobrenatural y se limita a estudiar la existencia, el ser y atributos divinos. La ciencia teológica estudia el ser de Dios, en la medida en que puede alcanzarlo. No olvida nunca que Dios es un misterio, no es un objeto del que se pueda dar información como de otros seres. Que la teología es la ciencia de Dios significa que todo se trata en ella principalmente desde el punto de vista divino. La distinción tradicional es la siguiente: 
1) Objeto material - Es la realidad de la que propiamente se ocupa la Teología. El objeto es Dios y todas las realidades por El creadas y gobernadas por su designio salvador. El objeto material primario o principal es Dios y el objeto secundario son todas las cosas creadas en cuanto ordenadas a Dios.
2) Objeto formal, indica el punto de vista. Uno es el objeto formal "quod": lo que es propio de Dios. "Deus sub ratione Deitatis" y el objeto formal "quo" designa la luz intelectual bajo la que el objeto es considerado. En este caso, la razón iluminada o guiada por la fe.
 
1.2. Fe y Teología.
Decimos que a las verdades de la Revelación podemos acercarnos a través de la fe, en cuanto que los contenidos de la Revelación son creíbles (ut credibilia); y por medio de la Teología en cuanto esas verdades reveladas son inteligibles (ut intelligibilia), como susceptibles de una comprensión cada vez mayor.
La fe es asentir a una verdad en cuanto digna de ser creída. Lo propio de la Teología es analizarla. El motivo formal de la fe es la autoridad de Dios que revela; el de la Teología, es la percepción por la razón de la inteligibilidad de lo creído. La fe es siempre presupuesto absoluto de la Teología. De modo que la Teología se debe hacer desde dentro y a partir de la fe, y es así algo más que una simple reflexión racional sobre los datos de la revelación. Por eso afirma S. Agustín: "intelligere ut credas, credere ut intelligas" (has de entender para creer y has de creer para entender).
S. Anselmo de Canterbury entiende la Teología como "fides quarens intellectum"; la fe que busca entender, no por curiosidad sino por amor y veneración al misterio. El creyente no discute la fe, pero manteniéndola firme busca dar razones del por qué de la fe.
Por tanto, la Teología es desarrollo de la dimensión intelectual del acto de fe. Es una fe reflexiva, fe que piensa, comprende, pregunta y busca. Trata de elevar, dentro de lo posible el credere al nivel del intelligere. El Teólogo se apoya en el conocimiento de Dios por la fe, en la razón humana y en sus adquisiciones ciertas. Entonces, con todo esto, el Teólogo intenta ordenar e interpretar los datos que son objeto de fe, de modo que se vea su unidad tal como Dios lo ha dispuesto.
 
1.3. Teología como ciencia.
Para mostrar el carácter científico de la teología, antes hay que delimitar el concepto de ciencia. A lo largo de la historia se han dado diversos modos de entender el concepto de ciencia.
Si entendemos por ciencia solamente aquella disciplina caracterizada por una aproximación a la verdad (con un método y un poder sobre lo real) ligado a una exactitud dirigida y verificada por una experimentación, ciertamente la Teología no es una ciencia, puesto que lo científico sería sólo lo verificable.
Pero si entendemos como ciencia aquella disciplina que pueda probar un objeto con un método propio y pueda desembocar en condiciones que se puedan comunicar a otros; en este sentido se podría hablar de ciencia canónica, ciencia bíblica y ciencia teológica.
Los esfuerzos más amplios para fundamentar el carácter científico de la Teología se desarrollan a lo largo del siglo XIII y Santo Tomás de Aquino se enmarca dentro de los grandes exponentes de su carácter científico.
Santo Tomás adopta el concepto aristotélico de ciencia y trata de demostrar que no es ajeno a la Teología, basándose en dos argumentos:
1. Normalmente la ciencia tiene evidencia de sus principios. Pero hay ciencias cuyos principios vienen de otra ciencia superior que consigue demostrar la evidencia de aquellos principios. Por tanto, hay ciencias que se basan en unos principios dados por otras ciencias superiores, siendo evidentes en tales ciencias. Aquellas ciencias se llaman ciencias subalternas.
La Teología es una de estas ciencias subalternas que se basan en unos principios, cuya evidencia no la demuestra la Teología: son las verdades de fe. Sin embargo, hay una ciencia, superior a la Teología, para la cual los principios sí son evidentes: es la ciencia de Dios. En efecto, la visión directa de los misterios, existe en Dios y en los bienaventurados, con quienes la fe nos pone en comunión.
Concluimos que la Teología es una ciencia , una ciencia subalterna a la ciencia de Dios.
2. También cobra razón de ciencia cuando logra construir racionalmente lo revelado donde determinadas verdades se presentan religadas unas a otras como a su principio. Es decir, la Teología es una ciencia porque hay verdaderas conclusiones que parten de unos principios, de modo que resulte que ambas (conclusiones y principios) sean igualmente reveladas. Es decir, es ciencia porque logra obtener unas conclusiones a partir de unos principios revelados.
Se llega a conclusiones más allá de lo revelado formalmente por una elaboración teológica. Si esto no fuera así, no podríamos salir del Kerigma y nos perderíamos gran cantidad de verdades secundarias que parten de un desarrollo racional de la revelación y que, por tanto, también son verdades[1].
La teología identifica y tiene en cuenta los principios revelados de los que parte en su reflexión; circunscribe con precisión en su campo de estudio; procura atenerse a una metodología rigurosa y cada vez mejor comprobada en su coherencia interna; se esfuerza en mostrar la homogeneidad y corrección en el modo de derivar los datos obtenidos a partir de los principios; los conocimientos que obtiene son comunicables de manera sistemática.
 
1.4. Método propio de la Teología: las Fuentes Teológicas.
El método que la Teología utiliza se suele desarrollar en tres etapas: (1) fijar los datos de la Revelación; (2) determinar las cuestiones que esos datos suscitan, en sí mismos o en relación con la experiencia creyente del hombre y del mundo;(3) reflexión sobre los datos. De modo que la Teología se encuentra con una variedad de opciones metodológicas concretas.
El método teológico ha de partir de una recta concepción de la teología como fe que busca entender, lo cual exige a su vez la realidad de Dios que actúa en la historia. Debe reconocer asimismo la capacidad de la razón para conocer la Verdad y penetrar el sentido último de las cosas con la ayuda divina. Y ha de aceptar una filosofía que acepte la realidad del mundo.
La concepción y aplicación adecuada del método teológico puede regirse por los siguientes criterios:
- No existe un paradigma metodológico único que pueda o deba considerarse la forma científica de la teología.
-Todo método teológico comprende el auditus fidei y el intellectus fidei.
-Todo método contiene aspectos falibles y provisionales, que, llegado el momento, deben ser superados. Suele progresar por enriquecimiento de lo anterior o por la sustitución de esquemas operativos.
- En el método teológico no se pueden separar, formal y asépticamente, modo y objeto. Ambos son correlativos e inseparables.
- El objeto no es nunca en teología un producto del método.
- El método teológico incluye necesariamente la consideración de la incidencia de la doctrina cristiana en la vida del creyente, de la comunidad y de la sociedad eclesial.
El teólogo sin olvidar la idea de Misterio que preside sus investigaciones, debe de dar actualidad a los experimentado directamente por los discípulos de Jesús. Se inserta por ello en el camino de la Tradición e intenta luego reexpresar la Verdad fundante que ha tomado de la Iglesia. Encuentra así respuesta a cuestiones viejas, reformula otras, y otras las elimina por considerarlas vacías.
 
Las fuentes de la Teología son, la Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio auténtico. De algún modo puede considerarse también la Historia.
1. La Sagrada Escritura es la Palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo[2]. La Escritura debe ser el alma de la Teología[3] y es la base de las afirmaciones teológicas. Por eso la exégesis hace posible una profundización y un rejuvenecimiento de la Teología.
Sin embargo, la S.E. debe estar unida a la Tradición para entregar el recto sentido de los textos.
2. La Tradición refleja la vida intelectual, orante y litúrgica de la Iglesia. Es anterior a la Escritura misma y mantiene con ella una profunda relación. Está formada por un conjunto de testimonios que dan razón de la fe de la Iglesia.
La Tradición y la Escritura están estrechamente unidas, manan de la misma fuente. La Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de lo revelado, porque la Tradición recibe la Palabra de Dios (encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los apóstoles) para que ellos (iluminados por el Espíritu) la conserven, expongan y difundan[4].
Los lugares donde podemos encontrarla son los escritos de los Santos Padres, Actas de mártires, autores místicos, enseñanzas de las conferencias episcopales, la legislación canónica, sensus fidelium, etc.
3. Magisterio. Le ha sido encomendado el oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, oral o escrita, y lo ejerce en nombre de Jesucristo[5].
En virtud del mandato recibido de Cristo y por un don especial del E.S,, el Magisterio tiene la misión de conservar el depósito de la fe en toda su integridad. Lo protege del error y juzga con autoridad las interpretaciones de la revelación que ofrece la Teología y él mismo ofrece consideraciones y desarrollos en torno a la fe.
Así, la Tradición, la S.E., y el Magisterio están tan unidos que ninguno puede subsistir sin los otros[6].
Por último, aunque el recurso a la Historia no es propiamente una fuente, sí es cierto que puede ayudar mucho en cuanto que puede colaborar a entender mejor cómo esas verdades se interpretan y viven dentro de la Iglesia con el transcurso del tiempo.
 
1.5. Teología Positiva y Teología Especulativa.
La Teología positiva es la ciencia del contenido integral de la Revelación, que intenta determinar y trazar toda la historia documental del objeto creído en su revelación, su transmisión y su proposición. Desea conocer el cuerpo o la forma externa del dato revelado, con el estilo metódico y exhaustivo que es propio de las ciencias positivas. Lo hace para llegar a una inteligencia más honda de la Palabra de Dios.
Trata de responder a la siguiente pregunta, ¿cuál es exactamente la verdad revelada por Dios? Procura determinar y establecer lo que Dios ha revelado y cómo lo ha revelado, si lo ha hecho directamente o indirectamente, de modo explícito o implícito, con expresiones oscuras o claras. Y porque las doctrinas reveladas no se encuentran siempre con la misma nitidez, suele ser necesario un trabajo de interpretación de términos y expresiones.
Teología especulativa: Profundiza en las verdades reveladas, muestra su inteligibilidad, la conexión y armonía que reina entre ellas, sirviéndose de la ayuda de las ciencias humanas.
- Lleva a una comprensión más honda del dato revelado, pero no debe ser confundida con una simple especulación; no es la aplicación de una filosofía técnica a la comprensión de la doctrina revelada sino que la Teología especulativa cae bajo el control y la luz del misterio de salvación. No es una superestructura de la Teología positiva, sino que el pensamiento especulativo se encuentra englobado en la Teología positiva. El dato de fe no es únicamente el punto de partida; es el principio vital que la anima a lo largo de todo su recorrido de reflexión creyente.
La posibilidad de la Teología especulativa se basa en una epistemología realista: la doctrina revelada presupone que la mente humana se ordena a la verdad y es capaz de conocer a Dios de manera limitada pero cierta.
Para esto, cobra gran importancia el tema de la analogía. Nos permite hablar de Dios de modo que nuestro lenguaje tenga sentido. Algo podemos decir de Dios aunque no se le puede aplicar unívocamente.
La Teología especulativa acomete dos grandes tareas: comprender y organizar el dato revelado.
1. Comprende lo mejor posible el dato revelado. No quiere decir que los misterios puedan ser demostrados o asimilados como si fueran datos totalmente evidentes. Sino que es la búsqueda del sentido preciso que se encierra en la fe y la relación de los misterios entre sí.
2. Trabajo sistemático: la Teología procura exponer con rigor los preámbulos de la fe (mostrar que la fe, aunque no sea evidente, no es absurda). Presentar una síntesis de los misterios de la fe (de modo que se muestre lo mejor posible la unidad y coherencia de la doctrina revelada). Y relacionar sus datos y conclusiones con el mundo de la ciencia y la cultura.
 
1.6. Unidad de la Teología y Pluralidad de las Disciplinas Teológicas.
La unidad de la fe y la teología no sólo son compatibles con una diversidad de disciplinas, sino también con la existencia de modos diversos de llevar a cabo la labor teológica en la Iglesia. La teología puede y debe ser una y plural al mismo tiempo. La riqueza y hondura del misterio revelado son tantas que no podrán reflejar en un único sistema teológico ni estudiarse con un solo tipo de especulación.
Puede decirse que el pluralismo teológico encuentra su fundamento en la Sagrada Escritura, de modo que la pluralidad teológica se halla presente en el Cristianismo. El uso de instrumentos conceptuales y filosóficos específicos ha determinado también teologías diferentes y por eso la teología cristiana presenta a lo largo de la historia abundantes manifestaciones de pluralismo.
La unidad de la Teología dentro de la pluralidad de sus disciplinas, viene garantizada por el hecho de que todas tienen el mismo objeto formal que es Dios que se revela en Cristo.
La división de las diferentes disciplinas teológicas va apareciendo progresivamente. Se pueden dividir en tres grupos:
A. Disciplinas histórico-bíblicas:
1. Historia - estudia la influencia de la Revelación en el mundo después de Cristo.
2. Ciencia bíblicas - investigan la producción de la Revelación divina, su historia y su contenido en la Sagrada Escritura.
B. Teología Sistemática:
1. La Teología Dogmática - expone sistemáticamente las realidades que se nos han manifestado en la Palabra de Dios. Trata las verdades fundamentales de la fe.
2. La Teología Moral - interpreta científicamente las normas prácticas contenidas en la Revelación.
3. La Teología Espiritual - estudia la vida cristiana como realidad dinámica. Se preocupa de los actos por los que el hombre entra en relación con Dios. También de los medios que hacen posible o facilitan dicha relación.
C. Teología Práctica:
1. Liturgia - describe el modo en que la obra de Cristo es actualizada en la Iglesia.
2. Derecho Canónico - expone el orden dado por Cristo a la Iglesia en cuanto pueblo de Dios y desarrollado por ella misma.
3. Teología Pastoral - explica el arte de formar a los hombres conforme a su carácter de hijos de Dios y de llevarlos hasta la última plenitud celestial.
Previa a estos tres grupos está la Teología Fundamental (disciplina que muestra la factibilidad de la Revelación, demostrando con ello la racionalidad de la Fe).
Los tres grupos arriba señalados, se necesitan unos a otros, se relacionan recíprocamente de modo que ninguno de ellos puede subsistir sin los demás.
 
1.7. La Teología y la misión de la Iglesia: inculturación de la fe y evangelización.
La piedad y la formación están muy unidas entre sí y con el ejercicio del apostolado. "No es ciencia en absoluto, si no tiene ningún valor para la piedad (...) y carece de valor toda piedad falta de la capacidad de discernimiento de la ciencia" (San Gregorio Magno).
Este estudio, profundización en la ciencia teológica, tiene también un gran valor evangelizador, como se recordó en el último Concilio en el Decreto sobre el Ecumenismo, pues al profundizar en lo revelado se pone más de manifiesto el atractivo y el valor de la verdad sobre Dios, el hombre y el mundo, que sólo la Iglesia Católica posee completamente y sin mezcla de error. Toda la teología para que sea auténtica tiene que ser esencialmente evangelizadora, pues sólo en obediencia al mandato de Cristo la Iglesia puede llevar a los hombres de hoy la luz de la fe. El estudio serio y científico de la fe es Teología, puesta al servicio de la Evangelización.
La Iglesia en su misión evangelizadora, se encuentra con diversas manifestaciones culturales, que debe purificar y adoptar aquellos valores legítimos que resultan ser eficaces para la transmisión de la verdad revelada.
 
B) RESUMEN
Al estudiar este tema hay que tener en cuenta primeramente la definición que se ofrece y especificar bien las distinciones hechas en torno al objeto de la Teología.
En la relación entre la fe y la Teología hay que decir que la fe esencialmente es asentir a una verdad en cuanto digna de ser creída, fiándose de la autoridad del que revela; lo propio de la Teología es analizarla y su motivo formal radica en la razón de inteligibilidad de lo creído. La Teología se debe hacer desde dentro de la fe.
El carácter científico de la Teología no debe pretender encontrarse como es el caso de las ciencias experimentales. Decimos que toda ciencia parte de unos principios, en el caso de la Teología los encontramos en la fe. Pero hay una ciencia superior a la Teología que se puede llamar la Ciencia de Dios. Por eso la Teología es una ciencia subalterna, en cuanto que sus principios son revelados, provienen de la ciencia de Dios. Su carácter científico es más palpable a nosotros, en cuanto que su misión esencial es construir racionalmente lo revelado. En cuanto al método propio, hay que partir afirmando que el quehacer teológico debe de partir de una recta concepción de la teología como fe que busca entender y a partir de aquí se enumeran los diversos aspectos que debe de tener en cuenta para el desarrollo de su quehacer con un método apropiado. La diferenciación entre teología positiva y especulativa es una cuestión clásica que no puede ser ignorada.
 
C) BIBLIOGRAFÍA
 Introducción a la Teología (José Morales).
Semillitas al Señor  
  "Así como el sol alumbra a los cedros y al mismo tiempo a cada florecilla en particular, como si sola ella existiese en la tierra, del mismo modo se ocupa nuestro Señor particularmente de cada alma, como si no hubiera otras. (Manuscrito A, 3 r°)
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Vos obráis como Dios, que nunca se cansa de escucharme cuando le cuento con toda sencillez mis penas y mis alegrías, como si él no las conociese... (Manuscrito C, 32)
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Puedes, por lo tanto, como nosotras, ocuparte de "la única cosa necesaria", es decir, que aun entregándote con entusiasmo a las obras exteriores, tengas por único fin complacer a Jesús, unirte más íntimamente a él. (Carta 228)
 
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El Señor y los corazones...  
  ¡Ah, qué verdad es que sólo Dios conoce el fondo de los corazones!... ¡Qué cortos son los pensamientos de las criaturas!... (Manuscrito C, 19 v°)
 
El Señor Es ternura...  
  Al entregarse a Dios, el corazón no pierde su ternura natural; antes bien, esta ternura crece haciéndose más pura y más divina. (Manuscrito C, 9 r°)
 
El Señor esta siempre con nosotros...  
  cielo que le es infinitamente más querido que el primero: ¡el cielo de nuestra alma, hecha a su imagen, templo vivo de la adorable Trinidad!... (Manuscrito A, 48)
 
Santo Rosario  
   
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