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Corpus Ioanneum y epístolas Católicas 2
9.6. La 2ª Epístola de San Pedro
Este es probablemente el escrito del N.T. cuya autenticidad ha planteado mayores dudas, a pesar de los datos que trae.
 
9.6.1 El Autor y la canonicidad
Al comienzo de la carta el autor se presenta con sus dos nombres, Simón Pedro, añadiendo la referencia a su vocación al decir “apóstol de Jesucristo”. Además, en el texto se hacen referencias a la vida de San Pedro: testigo ocular de la transfiguración (1,16); escribe por segunda vez a los mismos lectores (referencia a 1 Pe, en 3,1); y habla de su muerte (1,14), quizá refiriéndose a las palabras proféticas de Jesús sobre su martirio.
Sin embargo, presenta dificultades a la hora de definir su autenticidad, quizá por que presenta un vocabulario y un estilo bien distintos a los de 1 Pe, con expresiones que cuadrarían mejor en una época más tardía.
En los primeros siglos faltan noticias sobre esta carta. Sin embargo, a partir de los siglos III y IV son ya numerosos los testimonios a favor de la autenticidad petrina. Entre ellos están Clemente de Alejandría, Orígenes y Firmiliano, obispo de Cesarea. Ya Eusebio de Cesarea coloca esta carta entre los escritos antilogoúmena (discutidos) del N.T., es decir, no admitidos por todos, aunque sí por la mayoría. Él, particularmente, no la considera canónica, aunque otros autores del siglo IV, como S. Basilio, S. Gregorio Nacianceno y Dídimo la utilizan en sus obras. Ya vimos, al hablar de 1 Pe, la explicación de S. Jerónimo a las diferencias de estilo entre las dos epístolas de Pedro.
Pero aún quedándonos en el análisis interno de la carta, hay que resaltar que, además de las diferencias, presenta también muchas semejanzas con la anterior.
No hay que descartar la hipótesis de que un discípulo anónimo de San Pedro, bajo la inspiración del E. S., quisiera transmitir unas enseñanzas concordes con las del Apóstol. En este caso estaría acudiendo a un recurso frecuente en aquella época, la seudonimia.
Si esto fuera cierto la carta podría haber sido escrita hacia los años 80-90, y pudo ser escrita en Roma, o bien en una localidad de Asia Menor o Egipto. Si la hubiera escrito el mismo San Pedro, lo que no es imposible, la fecha de composición sería entre el año 64 y 67 d.C., y el lugar Roma, dónde poco después fue martirizado.
En cuanto a la inspiración y canonicidad, la cuestión de la seudonimia no presenta mayores problemas. La carta aparece en las listas más antiguas de libros canónicos y fue definida solemnemente en Trento como inspirada y canónica.
 
9.6.2 Destinatarios
A tenor de sus primeras palabras la carta va dirigida a los cristianos en general. Algunas expresiones hacen suponer que los destinatarios inmediatos podrían ser los cristianos procedentes de la gentilidad, en Grecia o Asia Menor.
Por otra parte, da la impresión de que el autor los conociera personalmente (1,12-16) y que son los mismos destinatarios de la primera carta (3,1). Aunque fuera destinada inmediatamente a unos fieles determinados, se deduce del tono general de la carta que el autor sagrado piensa en todos los cristianos.
 
9.6.3 Relaciones entre 2 Pe y la epístola de San Judas
El saludo inicial y la despedida son afines. Reflejan una situación parecida y se parecen en las recomendaciones que hacen. Entre 2 Pe 2,1-3,3 y Jds 4-18, al hablar de los falsos profetas, hay tal paralelo que sería difícil explicarlo sin suponer alguna conexión entre los dos escritos. Lo más probable es que 2 Pe esté en dependencia de la carta de San Judas, ya que desarrolla más los temas que Judas trata de manera más sucinta y tiene un estilo más elaborado. Parece ser que el autor de esta carta conocía la de San Judas.
 
9.6.4 Contenido
La epístola presenta una estructura bastante clara. Se puede sintetizar de la siguiente manera:
a) Saludo Inicial (1,1-2)
b) Llamada a mantenerse fieles a la doctrina recibida (1,3-21): con las consiguientes exhortaciones morales.
c) Diatriba contra los “falsos profetas” (2,1-22): una larga exposición contra los falsos doctores, que llevan una vida pervertida y quieren corromper a los demás.
d) Sobre la parusía (3,1-16): refutando las falsas opiniones y proponiendo la verdadera enseñanza.
e) Epílogo (3,17-18): una exhortación a la perseverancia.
Vemos, por tanto, que los temas doctrinales que destacan son la parusía, o segunda venida de Cristo, tema en el que el autor adopta una clara postura escatológica; la refutación de las teorías engañosas de los “falsos profetas”, que no creen en esta segunda venida; y las exhortaciones morales, frente a la relajación de las costumbres.
 
9.7. La Epístola de San Judas
En el orden de los libros del Nuevo Testamento este es el penúltimo, inmediatemente antes del Apocalipsis. Es un escrito corto, compuesto de 25 versículos, sin división en capítulos.
 
9.7.1 El Autor
Se presenta como “Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago” (v.1). Este título de siervo, aunque conviene a todos los cristianos, corresponde de manera particular a los apóstoles y a sus sucesores. La referencia a Santiago, por los datos que tenemos del N.T., tiene que ser al “hermano del Señor”, obispo de Jerusalén (ver el autor de la epístola de Santiago). Como en la epístola de Santiago, se plantea la cuestión de si este Judas, autor de la carta y que figura entre los “hermanos del Señor”, es el apóstol de mismo nombre, o si se tratan de dos personas distintas. San Lucas en su lista de los apóstoles habla de “Judas el de Santiago”, quizá refiriéndose a su hermano, más conocido de todos cuando se escribe el Evangelio. En Mt y Mc se le cita como Judas Tadeo, a continuación de su hermano Santiago, “el de Alfeo”. Por eso, la identificación entre el apóstol y el autor de la carta como un misma persona, aunque no se impone con absoluta certeza, tiene sólidos argumentos a su favor.
 
9.7.2 Autenticidad y Canonicidad
La tradición eclesiástica, desde antiguo, señaló explícitamente como autor de la carta al Apóstol San Judas. Así lo atestiguan Orígenes, Tertuliano, Clemente de Alejandría (que escribió un comentario sobre ella), y, ya en el siglo IV, S. Atanasio y S. Cirilo de Jerusalén. El Canon de Muratori la cita expresamente entre los escritos canónicos. Eusebio dice que era admitida por la mayoría, aunque existían algunas voces contrarias.
Judas (vv.14-15) cita un versículo del libro apócrifo de Henoc,  pero eso no desdice en nada de su canonicidad, porque por esta cita no se puede concluir que Judas apruebe todo el libro de Henoc, ni mucho menos que lo considere inspirado.
Como los demás libros de la Biblia su canonicidad fue definida solemnemente en Trento.
 
9.7.3 Destinatarios y fecha de composición
Sobre os destinatarios inmediatos nos faltan indicaciones precisas, ya que el saludo inicial es muy genérico, pudiendo ser empleado para referirse a todos los cristianos. Se puede pensar, con bastante probabilidad, que se trataba de cristianos provenientes del judaísmo. Eso explicaría las alusiones a tradiciones judías extrabíblicas (p.ej. el libro de Henoc). Sin embargo, algunos piensan que se dirige a cristianos provenientes del paganismo. Posiblemente el hecho de que no se mencionen destinatarios concretos motivó su inclusión en las llamadas “epístolas católicas”, ya desde Orígenes.
La referencia a Santiago (v.1) podría indicar que se destinara a los mismos lectores de la epístola escrita por este. En este caso habría que fecharla después de la muerte de este, en el año 62 d.C. Algunos dicen que por no hablar de la destrucción del templo habría que fecharla antes del año 70 d.C. Aunque el argumento del silencio no prueba nada, no parece razonable extender la fecha de composición mucho más allá de dicho año.
 
9.7.4 Contenido
Al ser muy breve la carta, todos los temas son tratados sucintamente. Se podría dividir de la siguiente manera:
a) Saludo inicial (vv.1-2) y motivo de la carta (vv.3-4)
b) Parte destinada a desenmascarar los “falsos doctores” (vv.5-16): trata del castigo que espera a los impíos, recrimina su conducta blasfema y perversa, para terminar recordando el juicio divino.
c) Exhortaciones a los fieles (vv.17-23): dice que los Apóstoles ya habían predicho la aparición de los falsos maestros y exhorta a fundamentar la vida sobre la fe, la oración, la caridad y la esperanza. Indica que deben hacer los que se dejaron influenciar por los falsos doctores.
d) Doxología final (vv.24-25)
C) BIBLIOGRAFíA
A. GARCIA-MORENO, Introducción al Misterio. Evangelio de san Juan, ed. Eunate, Pamplona 1997.
FACULTAD DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA, Sagrada Biblia: Nuevo Testamento, tomos IV, XI y XII, ed. Eunsa, Pamplona 1976-1989.
Semillitas al Señor  
  "Así como el sol alumbra a los cedros y al mismo tiempo a cada florecilla en particular, como si sola ella existiese en la tierra, del mismo modo se ocupa nuestro Señor particularmente de cada alma, como si no hubiera otras. (Manuscrito A, 3 r°)
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Vos obráis como Dios, que nunca se cansa de escucharme cuando le cuento con toda sencillez mis penas y mis alegrías, como si él no las conociese... (Manuscrito C, 32)
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Puedes, por lo tanto, como nosotras, ocuparte de "la única cosa necesaria", es decir, que aun entregándote con entusiasmo a las obras exteriores, tengas por único fin complacer a Jesús, unirte más íntimamente a él. (Carta 228)
 
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El Señor y los corazones...  
  ¡Ah, qué verdad es que sólo Dios conoce el fondo de los corazones!... ¡Qué cortos son los pensamientos de las criaturas!... (Manuscrito C, 19 v°)
 
El Señor Es ternura...  
  Al entregarse a Dios, el corazón no pierde su ternura natural; antes bien, esta ternura crece haciéndose más pura y más divina. (Manuscrito C, 9 r°)
 
El Señor esta siempre con nosotros...  
  cielo que le es infinitamente más querido que el primero: ¡el cielo de nuestra alma, hecha a su imagen, templo vivo de la adorable Trinidad!... (Manuscrito A, 48)
 
Santo Rosario  
   
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